El maltrato invisible: a los hombres también les pegan

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La violencia intrafamiliar es una realidad que afecta la vida de algunas parejas y la de sus hijos; lamentablemente crece en estadísticas. Por investigaciones, notas y artículos difundidos por los medios de comunicación, sabemos que las primeras víctimas son las mujeres y luego los niños. Sin embargo, solemos mencionar poco la violencia hacia el hombre ejercida por su mujer.
Aunque esta problemática existe, y la veo cada vez más seguido en mi consultorio, suele minimizarse y ridiculizarse; inclusive, genera poca bibliografía en el ámbito psicológico y sociocultural, lo cual permite que me cuestione:
Por qué no contamos con estadísticas al respecto?
Por qué el hombre no denuncia el maltrato y la violencia doméstica?

El varón no denuncia las agresiones, vivencia el maltrato -invisible para la sociedad- en forma solitaria y secreta: por vergüenza, porque recibe una actitud burlona de sus amigos, porque no le creen, porque lo denigran en las comisarías; en definitiva y aunque suene obvio, todavía vivimos en una sociedad machista.
Esta sociedad repleta de mitos en cuanto a los roles y, con estereotipos rígidos en relación a lo que se espera de un hombre, visualiza al varón maltratado como una persona pasiva, débil y vulnerable ante su esposa.
A los hombres, en general, les cuesta expresar o poner en palabras lo que sienten (posiblemente la cultura los entrena para eso también), suelen ocupar un lugar de todopoderosos y evitan que afloren miedos, debilidades o sentimientos relacionados con la vergüenza, la tristeza, la inseguridad y la incertidumbre.
Cuando las parejas llegan a la violencia física, es sólo la punta del iceberg, debajo, como red sólida, se encuentra el maltrato psicológico plagado de insultos, descalificaciones, desatenciones, indiferencia, reclamos sexuales y monetarios que degradan la masculinidad del hombre en situación de violencia doméstica.
La violencia intrafamiliar se caracteriza por la toma de posiciones, por crear un pacto víctima victimario y, claramente, ese rol de víctima puede ser desarrollado por un niño, un adulto o un anciano sin importar si es hombre o mujer.
Las mujeres también pueden actuar como victimarias: insultando, estando desalineadas, realizando denuncias falsas para favorecer el divorcio, abusando de los bienes materiales, amenazando con llevarse a los hijos, auto infligiéndose daños corporales, chantajeando, siendo violenta verbal o físicamente; en síntesis, puede maltratar exactamente igual que un hombre (peor también?).
En gran Bretaña y Estados Unidos, la estadística va en aumento y tienen organizaciones para trabajar con el tema. España posee una asociación de hombres maltratados y Holanda cuenta con un refugio para estos varones.
En Argentina aún no hay muestras de preocupación al respecto. Si logramos liberarnos del prejuicio que indica que los hombres no pueden ser abusados o golpeados, podremos pensar el problema y generar estrategias de solución, creando otra realidad posible.