Estás aburrid@?

aburrido

Llevo casi 23 años de profesión y nunca termina mi sorpresa frente al mundo.

Muchas personas que he tenido el grato gusto de escuchar, comentan que se aburren y que, por ende, aburren a otras. He preguntado por qué creían algo así y me han contestado que no saben y que se sienten de ese modo. Me ha dado la impresión que estas personas no modifican rutinas ni abren caminos de cambio e innovación que les permita visualizar horizontes entusiastas.
Así las cosas, me pregunté qué es el aburrimiento, y por las dudas que no lo tuviera claro, busqué en el diccionario de la Real Academia Española; encontré la siguiente definición a través de sinónimos: cansancio, decaimiento, molestia o fastidio..
Esta caracterización me sirvió para pensar que el aburrimiento es un estado mental con una significación particular o singular para cada uno; y de esta manera lo visualicé como un concepto ambiguo y complejo que merece que lo siga elaborando.
Ahora bien, si observo con atención estas características podría pensar que el aburrimiento se relaciona con un estado depresivo, ¿por qué? porque tienen en común, la desesperanza y el desinterés. Sin embargo, también me parece que se refiere a un estado algo narcisista y con una dimensión en cierto grado destructiva: esa indiferencia, inapetencia o falta de deseo es un ataque, un boicot a la vida que separa de vínculos y por lo tanto, disminuye el intercambio con el entorno.
En este contexto, el aburrimiento implica que no hay algo que valga la pena conocer y al bloquearse la posibilidad de experimentar situaciones de interacción con otras personas, entonces no se desarrollan fantasías o pensamientos para compartir… no se generan oportunidades ni desafíos… en definitiva, no se hace presente la aventura de vivir. Por eso creo que, en general,  las personas aburridas son bastante calladas, como ensimismadas. En ellas, el tiempo parece estar detenido, sin afecto y encapsulado; no se acercan a los otros, inclusive no toleran el encuentro con los otros y, hasta marcarían una tendencia de alguna manera antisocial, con una máscara depresiva donde el mundo parece vacío.
Por supuesto, soy consciente de que el siglo XXI es una era de comunicación, información y redes sociales que propone como valores la diversión y la felicidad y no da mucho lugar para el aburrimiento; más bien, favorece el consumo, la satisfacción inmediata y , por ende, el descarte y la fugacidad. Si bien en diferentes oportunidades se puede sentir aburrimiento como algo esperable y como un motor que impulsa a crear cosas nuevas o a ponerse introspectivo para conectarse con aspectos propios a evaluar y mejorar, también considero que puede esconder tristeza y depresión o un estilo antisocial y resentido. En síntesis, la condición del aburrimiento es la dificultad para vincularse con el mundo; para experimentarlo y reconocerlo.