Maltratar al más intimo

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Pasan cosas, han sido momentos duros para muchas personas según nuestros noticieros: mujeres quemadas por esposos, novios o ex, una niña asesinada a golpes por su padre, un niño muerto a palazos por su madre.
Luego de la bronca que me da y lo difícil que me es tolerar la idea de la muerte de un niño indefenso, me pregunto:
¿Qué puede pasar por la cabeza de una persona que hace algo así?
¿Por qué maltratar al más íntimo?
Se que casi todos los actos humanos están determinados por el contexto en los cuales se producen y que para entender la situación debo pensar en los elementos que componen el maltrato: la intención del agresor, el efecto que genera en el receptor, el juicio valorativo del observador del hecho y el criterio sobre el que se basa ese juicio. La teoría es clara y sin embargo, en la práctica hay que negociar entre los mandatos de la cultura, el saber popular y la experiencia profesional.
El maltrato incluye el abuso así como el descuido, porque son actos por comisión u omisión que pueden generar lesiones físicas, emocionales, sexuales o psicosociales.
Las causas del maltrato son de complejidad, hay un contexto social que lo origina y que potencia su desencadenamiento y, cada persona es el resultado de las condiciones, de las fuerzas y de las influencias de la familia y del medio.
Por otro lado, hay un juego familiar que da privilegio a ciertos motivos para los hechos agresivos, estos pueden tener que ver con la transgresión de reglas, con el control, con el dinero, etc. Aquí pueden funcionar también, una estructura patológica de personalidad por la herencia o por una historia previa de maltrato, las carencias en general, la ignorancia o las adicciones.
¿Por qué el más íntimo? Porque es el que mejor los conoce, porque es el que sostiene el juego de poder y porque es el que no puede alejarse.
En definitiva, estos individuos reproducen en espacios públicos y privados el marco cognitivo y emocional que conocen, el que han experimentado en el ambiente en el cual están inscriptos; reproducen las experiencias vividas, reproducen el aprendizaje de la violencia.
Lamentablemente, no logran cuestionarse ese aprendizaje y generar una visión diferente que les permita cambiar e incorporar un nuevo abanico de actos, basados en la conversación, la negociación y la empatía. Lamentablemente, nuestra sociedad no ha creado dispositivos funcionales y eficientes para cambiar esta situación.