Boooooo: chicos con terrores nocturnos!

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El miedo es una emoción que surge en diferentes momentos evolutivos, va variando según la edad y es más frecuente en niñas que en varones. Es un fenómeno común en la infancia que sirve como sistema de alarma y le permite a los chicos evitar situaciones de peligro; de hecho, los distintos miedos remiten y surgen de nuevo para que puedan adaptarse a las exigencias y cambios del ambiente.
A medida que el niño crece el miedo va desapareciendo porque, a nivel cognitivo, comienza a entender mejor el medio, obviamente, influye el contexto en ese desarrollo.
Los miedos más comunes son a la muerte, la autoridad, la soledad, los animales, lo desconocido, la evaluación del rendimiento, separarse de los padres, el daño físico, los fenómenos naturales y los médicos, agujas o inyecciones.
En el primer año de vida tiene frecuencia el miedo en relación a estímulos intensos, ruidos fuertes y personas desconocidas. Luego, y hasta los seis años aproximadamente, lo que tenga que ver con seres fantásticos (brujas, fantasmas), animales, separación de los padres, tormentas, oscuridad y catástrofes. Desde los seis años aparece el miedo al ridículo, al daño físico, también a enfermedades y accidentes y al bajo rendimiento en la escuela (los miedos se intensifican entre los 9 y los 10 años). A partir de los 12, tiene preponderancia el miedo a las relaciones interpersonales. En definitiva, a medida que se reducen los miedos físicos se acentúan los sociales.
Cuando se convierten en temores desproporcionados pueden resultar en fobias y otros problemas de ansiedad. Algunos niños tienen noches terroríficas (algunos adultos también): se despiertan llorando, gritando, con angustia, sudoración y taquicardia.
Cuando los padres recurrimos a sus gritos, a pesar de estar sobresaltados, parecen dormidos con los ojos abiertos y no reconocen el lugar donde están.
Estos terrores nocturnos, con pesadillas vívidas y angustiantes, suelen producirse con alta frecuencia y en forma repetida durante la noche; tienen las siguientes características:

. Intensidad y agitación corporal
. Tensión muscular, taquicardia y sudoración
. Se olvida el sueño que ocasionó el terror o se recuerdan pocos fragmentos
. Aparecen en la primera mitad de la noche
. Se repiten durante la noche
. El despertar brusco no evita el dormirse de nuevo rápidamente
. En la mañana el cuerpo se encuentra dolorido y cansado

No hay que confundirlos con las pesadillas, éstas ocurren al final de la noche, pueden recordarse con detalle y su sobresalto no es terrorífico.
Si bien el origen de los terrores nocturnos no es conocido, el factor personal es importante. Hay que observar que está pasando con ese niño y descartar trastornos psíquicos como depresiones o el estrés inclusive. En la base para que surjan, podemos encontrar ansiedad, inseguridad y dificultad para sobrellevar cambios o recomponerse ante situaciones límites.
¿Qué ayuda a superar estos terrores?: la contención familiar, las técnicas de relajación, el ejercicio físico y, por supuesto, el trabajo terapéutico.