El maltrato no tiene genero

 

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Hoy es común escuchar que muchas familias generan y sufren la violencia; existen infinidad de investigaciones y artículos que hablan sobre mujeres maltratadas, golpeadas o abusadas (además de niños y ancianos). Pero seamos realistas, también hay hombres maltratados, abusados y hasta con magullones.
Consideremos que el problema incluye a ambos géneros y que debemos distinguir la violencia del maltrato. La primera es utilizada como un tipo de lenguaje para resolver conflictos (en cualquier ámbito) y el segundo implica acciones orientadas a dañar (sin diferencia de género). En definitiva, hoy estamos viviendo en una cultura de la violencia además, podríamos pensar que el sistema político, social y económico es violento también.
El maltrato emerge como fruto de la conjunción de varios elementos: un estado emocional de intensidad como la ira, hostilidad, pobreza en las herramientas para comunicar y solucionar problemas, factores que precipitan la situación como celos, estrés, uso de drogas o alcohol y la percepción de que la víctima es vulnerable.
La mujer que maltrata a su pareja, generalmente, lo hace a través de humillaciones tales como el abuso económico o la indiferencia afectiva, desvalorizaciones, degradaciones, manipulaciones (especialmente relacionadas con los hijos), desprecios, reproches y por sobre todo a través del control que le sirve para aniquilar la autoestima y la seguridad de su compañero. De esta forma, la violencia psicológica, termina coartando la autonomía e iniciativa del varón, lo cual lo convierte en una persona sumisa, dócil y pasiva.
En cuanto a la violencia física que reciben, suelen tener moretones, no muy evidentes, relacionados con objetos que le han sido arrojados, arañazos y cachetazos; hay que tener en cuenta, que biológicamente, la mujer posee menos fuerza.
Este combo provoca síntomas como estrés, ansiedad, hipocondría, fobias, ataques de pánico, depresiones y hasta intentos de suicidio. A nivel social, el esposo se va aislando y se puede ir observando el ausentismo laboral lo cual puede llevar a la pérdida de trabajo.
Para hombres que viven este tipo de problemática recomiendo un trabajo terapéutico individual donde elaborar la situación y orientarse a un cambio en sus interacciones con la pareja; donde aprender a desarrollar habilidades sociales a través de medidas psicoeducativas y, por último, sugiero, un espacio grupal donde buscar apoyo y autoayudarse.