Sobrevivientes, resilientes!

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Es imposible vivir en mundo rosa que no tenga adversidades o reveses… necesitamos de experiencias diferentes para ampliar nuestras percepciones de las cosas y para procesar lo que nos pasa. Justamente porque atravesamos frustraciones, podemos manejarnos como adultos en el mundo real, soportando contratiempos y capitalizando sentimientos y pensamientos.

Hay un término muy usado hoy: resiliencia, este concepto viene del latín resilio y significa volver atrás, volver de un salto, rebotar. En la psicología fue acuñado por Michael Rutter, quien pensaba que se trataba de flexibilidad social y adaptativa. Este autor se inspiró en la definición de la ingeniería: cantidad de energía que puede devolver un material elástico sin absorberla.

En definitiva, la resiliencia muestra la habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y transformar significativamente las experiencias que obtenemos en interacción con el ambiente. Vencer los obstáculos de la vida y aprender a superar nuevos es lo que nos hace felices y resilientes. De esta forma, se ve el grado de tolerancia a la presión que tenemos y la tenacidad para fortalecernos a pesar de los escollos.

Podemos ampliar nuestra capacidad de ser resilientes en el interjuego dinámico de protegernos, equilibrarnos frente a la tensión, aceptando el desafío y la responsabilidad de lo que construimos; ¿cómo?

. Valorándonos: con autoestima y autorespeto
. Teniendo una actitud positiva frente a la vida, viendo el vaso medio lleno en vez de medio vacío
. Permitiéndonos disfrutar
. Pensando antes de actuar
. Siendo flexibles y buscando soluciones creativas
. Pidiendo ayuda
. Actuando de manera proactiva y no solo reactiva ante las situaciones que vivimos

Si, se puede…

El maltrato no tiene genero

 

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Hoy es común escuchar que muchas familias generan y sufren la violencia; existen infinidad de investigaciones y artículos que hablan sobre mujeres maltratadas, golpeadas o abusadas (además de niños y ancianos). Pero seamos realistas, también hay hombres maltratados, abusados y hasta con magullones.
Consideremos que el problema incluye a ambos géneros y que debemos distinguir la violencia del maltrato. La primera es utilizada como un tipo de lenguaje para resolver conflictos (en cualquier ámbito) y el segundo implica acciones orientadas a dañar (sin diferencia de género). En definitiva, hoy estamos viviendo en una cultura de la violencia además, podríamos pensar que el sistema político, social y económico es violento también.
El maltrato emerge como fruto de la conjunción de varios elementos: un estado emocional de intensidad como la ira, hostilidad, pobreza en las herramientas para comunicar y solucionar problemas, factores que precipitan la situación como celos, estrés, uso de drogas o alcohol y la percepción de que la víctima es vulnerable.
La mujer que maltrata a su pareja, generalmente, lo hace a través de humillaciones tales como el abuso económico o la indiferencia afectiva, desvalorizaciones, degradaciones, manipulaciones (especialmente relacionadas con los hijos), desprecios, reproches y por sobre todo a través del control que le sirve para aniquilar la autoestima y la seguridad de su compañero. De esta forma, la violencia psicológica, termina coartando la autonomía e iniciativa del varón, lo cual lo convierte en una persona sumisa, dócil y pasiva.
En cuanto a la violencia física que reciben, suelen tener moretones, no muy evidentes, relacionados con objetos que le han sido arrojados, arañazos y cachetazos; hay que tener en cuenta, que biológicamente, la mujer posee menos fuerza.
Este combo provoca síntomas como estrés, ansiedad, hipocondría, fobias, ataques de pánico, depresiones y hasta intentos de suicidio. A nivel social, el esposo se va aislando y se puede ir observando el ausentismo laboral lo cual puede llevar a la pérdida de trabajo.
Para hombres que viven este tipo de problemática recomiendo un trabajo terapéutico individual donde elaborar la situación y orientarse a un cambio en sus interacciones con la pareja; donde aprender a desarrollar habilidades sociales a través de medidas psicoeducativas y, por último, sugiero, un espacio grupal donde buscar apoyo y autoayudarse.

Boooooo: chicos con terrores nocturnos!

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El miedo es una emoción que surge en diferentes momentos evolutivos, va variando según la edad y es más frecuente en niñas que en varones. Es un fenómeno común en la infancia que sirve como sistema de alarma y le permite a los chicos evitar situaciones de peligro; de hecho, los distintos miedos remiten y surgen de nuevo para que puedan adaptarse a las exigencias y cambios del ambiente.
A medida que el niño crece el miedo va desapareciendo porque, a nivel cognitivo, comienza a entender mejor el medio, obviamente, influye el contexto en ese desarrollo.
Los miedos más comunes son a la muerte, la autoridad, la soledad, los animales, lo desconocido, la evaluación del rendimiento, separarse de los padres, el daño físico, los fenómenos naturales y los médicos, agujas o inyecciones.
En el primer año de vida tiene frecuencia el miedo en relación a estímulos intensos, ruidos fuertes y personas desconocidas. Luego, y hasta los seis años aproximadamente, lo que tenga que ver con seres fantásticos (brujas, fantasmas), animales, separación de los padres, tormentas, oscuridad y catástrofes. Desde los seis años aparece el miedo al ridículo, al daño físico, también a enfermedades y accidentes y al bajo rendimiento en la escuela (los miedos se intensifican entre los 9 y los 10 años). A partir de los 12, tiene preponderancia el miedo a las relaciones interpersonales. En definitiva, a medida que se reducen los miedos físicos se acentúan los sociales.
Cuando se convierten en temores desproporcionados pueden resultar en fobias y otros problemas de ansiedad. Algunos niños tienen noches terroríficas (algunos adultos también): se despiertan llorando, gritando, con angustia, sudoración y taquicardia.
Cuando los padres recurrimos a sus gritos, a pesar de estar sobresaltados, parecen dormidos con los ojos abiertos y no reconocen el lugar donde están.
Estos terrores nocturnos, con pesadillas vívidas y angustiantes, suelen producirse con alta frecuencia y en forma repetida durante la noche; tienen las siguientes características:

. Intensidad y agitación corporal
. Tensión muscular, taquicardia y sudoración
. Se olvida el sueño que ocasionó el terror o se recuerdan pocos fragmentos
. Aparecen en la primera mitad de la noche
. Se repiten durante la noche
. El despertar brusco no evita el dormirse de nuevo rápidamente
. En la mañana el cuerpo se encuentra dolorido y cansado

No hay que confundirlos con las pesadillas, éstas ocurren al final de la noche, pueden recordarse con detalle y su sobresalto no es terrorífico.
Si bien el origen de los terrores nocturnos no es conocido, el factor personal es importante. Hay que observar que está pasando con ese niño y descartar trastornos psíquicos como depresiones o el estrés inclusive. En la base para que surjan, podemos encontrar ansiedad, inseguridad y dificultad para sobrellevar cambios o recomponerse ante situaciones límites.
¿Qué ayuda a superar estos terrores?: la contención familiar, las técnicas de relajación, el ejercicio físico y, por supuesto, el trabajo terapéutico.