Autoestima ya!

Me recomendaron una buena película francesa de Luc Besson, Angel-A. Me resultó una comedia dramática exquisita, está filmada en blanco y negro. Las escenas son de gran belleza, especialmente la del espejo, la cual me llevó a pensar y a escribir sobre  la autoestima.

Primero es lo primero, contamos con una imagen personal basada en las creencias que tenemos de nosotros mismos; la valoración que nos damos o las cualidades que nos atribuimos tienen como cimiento las experiencias que hemos atravesado en la vida. El autoconcepto se forma de a poco, se ve influido por diferentes experiencias de aceptación y rechazo por parte de los demás; estas experiencias ayudan a que comencemos a tener una idea de lo que valemos. De esta forma, conformamos nuestra autoestima, que permitirá que explotemos nuestros recursos, alcancemos metas y enfrentemos problemas.
Cuando la autoestima está baja nos limitamos y fracasamos en nuestros emprendimientos; esto sucede porque funcionamos con una distorsión del pensamiento o forma inadecuada de pensar, con autoexigencia y con excesivo perfeccionismo. Básicamente, utilizamos pensamientos negativos como:

  • Generalizaciones: con un hecho aislado elaboramos una regla universal para todo, si hoy algo me salió mal, todo me sale mal!
  • Designaciones globales: nos describimos en forma peyorativa y no observamos solo el error que cometimos, soy un desastre!
  • Pensamientos polarizados: del todo o nada, extremista, blanco o negro! es perfecto o nada!
  • Lecturas del pensamiento: suponer que no le interesamos a los demás o que los otros piensan mal de nosotros.
  • Razonamientos emocionales: sentirnos de tal o cual manera es la pura realidad y verdad, “es así” y no importa si podemos contrastar con otras experiencias; damos rienda suelta a sentimientos de soledad y de inutilidad.

Por suerte, todo puede cambiar y mejorar…y la autoestima se puede elevar si nos lo proponemos; con algunos ejercicios se puede comenzar a estimar nuestra imagen de modo más equilibrado. Cómo? Así:

  • Transformar pensamientos negativos en positivos: no es lo mismo decir “no me sale nada bien” que decir “puedo alcanzar mi objetivo si me lo propongo”.
  • Tomar conciencia de nuestros logros y reconocer el éxito alcanzado es focalizar en lo positivo.
  • Evitar las comparaciones: porque todos somos diferentes, poseemos fortalezas y debilidades que nos caracterizan y nos sirven para aprender.
  • Confiar en nuestras posibilidades: actuar en base a nuestro potencial y nuestra forma de ver el mundo, sin esperar aprobación.
  • Aceptarnos tal cual somos: valemos más allá de nuestras virtudes y defectos.

Buscar superarnos es interesante y todo un desafío, hay que identificar el aspecto a mejorar y esforzarnos en el día a día; alcanzar pequeñas metas cotidianas son un gran estímulo. Conseguir lo que queremos nos brinda sentimientos de satisfacción, por ende, mejora la autoestima. Es importante poder plantearnos metas concretas y realistas, proyectar tareas para lograrlas, organizar esas tareas en el orden conveniente porque no puede hacerse todo a la vez y, por último, ponerlas en marcha, evaluando los logros obtenidos.
Manos a la obra!!

El cuerpo también cuenta cosas

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El cuerpo cuenta cosas a través de la enfermedad cuando falta capacidad para expresar en palabras las diferentes emociones; es decir, los sentimientos producto de experiencias de gran intensidad emocional, no logran ser exteriorizados y es así como surgen las enfermedades psicosomáticas.

Cuando una persona enferma hay tres pilares a tener en cuenta en el análisis de la enfermedad: factores orgánicos, factores psicológicos y factores ambientales. No se los puede pensar por separado o como compartimentos estancos; la enfermedad surge porque hay un componente biológico hereditario y un tiempo-espacio psicológico ambiental que facilita el desarrollo de los síntomas.

Gracias a la filosofía cartesiana obtuvimos la dicotomía alma-cuerpo; algunos han caído en definir todo a través de lo orgánico y otros sólo lo han hecho por lo mental. Hoy sabemos que no hay una sola teoría que pueda brindar una completa y acabada descripción de la realidad; más bien tenemos que desarrollar una visión integral y sistémica donde diferentes variables interaccionan para que se produzca el fenómeno psicosomático. Individuo, ambiente, predisposición hereditaria, contexto familiar, aspectos químicos y hormonales, son algunas de las variables en juego en la somatización.

La dificultad para identificar, definir, describir, distinguir o reconocer sentimientos y sensaciones corporales nos muestran una persona propensa a manifestar trastornos psicosomáticos. Las enfermedades más conocidas son:  asma, gastritis, hipertensión y psoriasis; dentro de los nuevos trastornos encontramos:  fatiga, estrés, burn out o insomnio.

Es importante poder expresar la angustia, la tristeza o el dolor ante situaciones concretas de la vida, es necesario darse tiempo para asumir estos sentimientos, hablar de ellos y no aceptar a estas enfermedades como irremediables o inevitables.

Si queremos alcanzar el bienestar y una mejor calidad de vida, no queda otra que cuidar nuestro cuerpo, nuestras emociones y establecer lazos sociales no tóxicos.