A decir que sí, sin miedo!

mie

¿Cuántas veces quisiste algo y por temor o vergüenza perdiste la oportunidad? Decirle que sí a tus deseos es respetarte y actuar dignamente.

Si bien en algunas ocasiones puede ser orgullo o egoísmo, autoafirmarse es un signo de salud mental, una señal de que se puede actuar con seguridad y firmeza sin agredir ni imponer nada. Expresar lo que se desea, siente o piensa es saludable, es necesario en un mundo avasallante y hasta violento para no desaparecer en las creencias ajenas con tal de encajar.

No se trata de decir que sí para complacer o de modo sumiso, ni de luchar contra personas que se creen que nadie puede decirles nada; hay que evitar los extremos.

Desarrollamos nuestra autoestima con la exacta combinación de estímulos y experiencias a lo largo de la vida. En cada etapa, vivimos situaciones complejas que ponen a prueba nuestras habilidades y capacidad de adaptación; si no nos fortalecemos, nos desgastamos buscando aprobación.

Con necesidad de agradar lo único que logramos es quedar encerrados en el temor y en la indecisión, hundiendo deseos por miedo a ser rechazados; en definitiva, perdemos voz y nos desvanecemos.

Decir sí sin miedo es respetar nuestras ambiciones, es disfrutar, es dignidad y es una necesidad vital!

 

Boooooo: chicos con terrores nocturnos!

night

El miedo es una emoción que surge en diferentes momentos evolutivos, va variando según la edad y es más frecuente en niñas que en varones. Es un fenómeno común en la infancia que sirve como sistema de alarma y le permite a los chicos evitar situaciones de peligro; de hecho, los distintos miedos remiten y surgen de nuevo para que puedan adaptarse a las exigencias y cambios del ambiente.
A medida que el niño crece el miedo va desapareciendo porque, a nivel cognitivo, comienza a entender mejor el medio, obviamente, influye el contexto en ese desarrollo.
Los miedos más comunes son a la muerte, la autoridad, la soledad, los animales, lo desconocido, la evaluación del rendimiento, separarse de los padres, el daño físico, los fenómenos naturales y los médicos, agujas o inyecciones.
En el primer año de vida tiene frecuencia el miedo en relación a estímulos intensos, ruidos fuertes y personas desconocidas. Luego, y hasta los seis años aproximadamente, lo que tenga que ver con seres fantásticos (brujas, fantasmas), animales, separación de los padres, tormentas, oscuridad y catástrofes. Desde los seis años aparece el miedo al ridículo, al daño físico, también a enfermedades y accidentes y al bajo rendimiento en la escuela (los miedos se intensifican entre los 9 y los 10 años). A partir de los 12, tiene preponderancia el miedo a las relaciones interpersonales. En definitiva, a medida que se reducen los miedos físicos se acentúan los sociales.
Cuando se convierten en temores desproporcionados pueden resultar en fobias y otros problemas de ansiedad. Algunos niños tienen noches terroríficas (algunos adultos también): se despiertan llorando, gritando, con angustia, sudoración y taquicardia.
Cuando los padres recurrimos a sus gritos, a pesar de estar sobresaltados, parecen dormidos con los ojos abiertos y no reconocen el lugar donde están.
Estos terrores nocturnos, con pesadillas vívidas y angustiantes, suelen producirse con alta frecuencia y en forma repetida durante la noche; tienen las siguientes características:

. Intensidad y agitación corporal
. Tensión muscular, taquicardia y sudoración
. Se olvida el sueño que ocasionó el terror o se recuerdan pocos fragmentos
. Aparecen en la primera mitad de la noche
. Se repiten durante la noche
. El despertar brusco no evita el dormirse de nuevo rápidamente
. En la mañana el cuerpo se encuentra dolorido y cansado

No hay que confundirlos con las pesadillas, éstas ocurren al final de la noche, pueden recordarse con detalle y su sobresalto no es terrorífico.
Si bien el origen de los terrores nocturnos no es conocido, el factor personal es importante. Hay que observar que está pasando con ese niño y descartar trastornos psíquicos como depresiones o el estrés inclusive. En la base para que surjan, podemos encontrar ansiedad, inseguridad y dificultad para sobrellevar cambios o recomponerse ante situaciones límites.
¿Qué ayuda a superar estos terrores?: la contención familiar, las técnicas de relajación, el ejercicio físico y, por supuesto, el trabajo terapéutico.

Señales de abuso

niños

Hay niños abusados sexualmente. Sí, es una triste realidad y lamento que suceda. Lamento que existan niños con experiencias sexuales no acordes con su edad, gracias a profesor@s de gimnasia, de música o a Jorge Corsi.
Tenemos que escuchar a nuestros chicos, siempre dan señales, sólo tenemos que prestar atención y observar, si queremos podemos darnos cuenta!
Basta con mirar atentamente cómo juegan los chicos y escuchar todo lo que digan. Gracias a como juegan y a lo que dicen, estamos en condiciones de detectar posibles problemas o situaciones que estén atravesando. El juego y la palabra son sus herramientas de expresión, de comunicación y sólo debemos estar allí para entender qué les pasa, qué los pone alegres o qué los angustia.

Señales de alerta:

  • Cambios de conducta: irritación, llanto, ansiedad o problemas para dormir
  • Retroceso evolutivo: pierden control de esfínteres, vuelven a hablar como bebés o no respetan los hábitos como antes
  • Tipo de juego: qué le llama la atención, que dice mientras juega, que haga juegos sexuales repetitivos entre muñecos
  • No juegan
  • Cambios en la alimentación
  • Heridas sin explicación
  • Miedo a ir al colegio o al lugar de actividades

Como padres, es necesario que les preguntemos como les fue en el colegio, en el jardín, en el taller o en la casa de alguien que visitaron, obviamente, sin volvernos excesivamente controladores; cualquier cosa en exceso es contraproducente!
Es importante que los chicos tengan claro que pueden confiar en nosotros y recibir nuestro apoyo y, por otro lado, debemos saber que no mienten en ese tipo de cosas. Se trata de que sepan que pueden conversar libremente de todo aquello que les suceda.