Niños maltratados

Para tratar niños que sufren maltrato, los psicólogos recurrimos a las técnicas proyectivas (diferentes tests) las cuales nos ayudan a elaborar el psicodiagnóstico. Generalmente, los chicos no suelen hablar de sus problemas como los adultos, por eso se trabaja a través del juego para detectar lo que está sucediendo.
Ana Berástegui, psicóloga del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas, explica que las víctimas de maltrato pasan por diferentes etapas: al principio miedo, luego culpa y, finalmente, ira (cuando son más grandes).

Acá se ven una serie de dibujos que demuestran claros signos de maltrato, es interesante, y a la vez triste, observar las expresiones de los niños:

El primero es realizado por una niña de 7 años abusada sexualmente por su hermano de 12 años. Se ve un autorretrato con mirada de vigilancia, subrayada por el tamaño de los ojos que inclusive omite o tacha algunos detalles corporales (como la boca); además, añade en forma relevante, genitales masculinos a su figura de niña.

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El segundo, pertenece a una adolescente de 14 años; pinta a todos los miembros de su familia tocándose entre sí. Ella, a la izquierda del dibujo, siente su cerebro a punto de estallar de tanta presión. El papel aparece muy arrugado ya que en un rapto de angustia intentó romper el dibujo, deshacerse de él. Ella ha sido víctima de abusos sexuales por su padre, por su madre y por sus hermanos mayores, la chica abusaba a su vez de su hermano pequeño. Desde los 12 años presentaba una conducta en extremo promiscua, síntoma evidente del horror a que había estado sometida. Durante mucho tiempo, la menor no pudo hablar de lo sucedido; el relato de los hechos se hizo esperar.

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El tercero es un dibujo de un chico de 14 años, maltratado por su madre, quien aparece como una figura enorme y amenazante, con terribles fauces, sobre el niño empequeñecido.

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El cuarto, corresponde a un niño de 9 años que participa del maltrato físico y psicológico entre sus padres (con sospecha de que es abusado sexualmente); pinta un sol dominante y agresivo, que todo lo envuelve, en medio de una furia de colores. Una bestia engulle un cerebro, ante la mirada suplicante de un niño.

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El último, es de una niña de 10 años que sufrió abusos sexuales por parte de su padre desde los seis meses de edad: violada vaginal y analmente. Tras la separación conyugal, la menor se quedó a vivir con él hasta que se develó el maltrato. Al iniciarse la evaluación psicológica, la niña mostraba trastornos de alimentación, conducta agresiva, pobres relaciones con sus iguales, desconfianza, vergüenza, culpa, pesadillas, rabia y miedos. Representó así a su padre, diciendo “Ésta es la tortura que quiero [para él], o peor”: una especie de crucifixión con elementos muy claros: cadenas, flechas, amputación de los genitales y desangramiento.

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Con estos detalles alcanza y sobra, no es nuestro deber cuidar de los niños?

Boooooo: chicos con terrores nocturnos!

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El miedo es una emoción que surge en diferentes momentos evolutivos, va variando según la edad y es más frecuente en niñas que en varones. Es un fenómeno común en la infancia que sirve como sistema de alarma y le permite a los chicos evitar situaciones de peligro; de hecho, los distintos miedos remiten y surgen de nuevo para que puedan adaptarse a las exigencias y cambios del ambiente.
A medida que el niño crece el miedo va desapareciendo porque, a nivel cognitivo, comienza a entender mejor el medio, obviamente, influye el contexto en ese desarrollo.
Los miedos más comunes son a la muerte, la autoridad, la soledad, los animales, lo desconocido, la evaluación del rendimiento, separarse de los padres, el daño físico, los fenómenos naturales y los médicos, agujas o inyecciones.
En el primer año de vida tiene frecuencia el miedo en relación a estímulos intensos, ruidos fuertes y personas desconocidas. Luego, y hasta los seis años aproximadamente, lo que tenga que ver con seres fantásticos (brujas, fantasmas), animales, separación de los padres, tormentas, oscuridad y catástrofes. Desde los seis años aparece el miedo al ridículo, al daño físico, también a enfermedades y accidentes y al bajo rendimiento en la escuela (los miedos se intensifican entre los 9 y los 10 años). A partir de los 12, tiene preponderancia el miedo a las relaciones interpersonales. En definitiva, a medida que se reducen los miedos físicos se acentúan los sociales.
Cuando se convierten en temores desproporcionados pueden resultar en fobias y otros problemas de ansiedad. Algunos niños tienen noches terroríficas (algunos adultos también): se despiertan llorando, gritando, con angustia, sudoración y taquicardia.
Cuando los padres recurrimos a sus gritos, a pesar de estar sobresaltados, parecen dormidos con los ojos abiertos y no reconocen el lugar donde están.
Estos terrores nocturnos, con pesadillas vívidas y angustiantes, suelen producirse con alta frecuencia y en forma repetida durante la noche; tienen las siguientes características:

. Intensidad y agitación corporal
. Tensión muscular, taquicardia y sudoración
. Se olvida el sueño que ocasionó el terror o se recuerdan pocos fragmentos
. Aparecen en la primera mitad de la noche
. Se repiten durante la noche
. El despertar brusco no evita el dormirse de nuevo rápidamente
. En la mañana el cuerpo se encuentra dolorido y cansado

No hay que confundirlos con las pesadillas, éstas ocurren al final de la noche, pueden recordarse con detalle y su sobresalto no es terrorífico.
Si bien el origen de los terrores nocturnos no es conocido, el factor personal es importante. Hay que observar que está pasando con ese niño y descartar trastornos psíquicos como depresiones o el estrés inclusive. En la base para que surjan, podemos encontrar ansiedad, inseguridad y dificultad para sobrellevar cambios o recomponerse ante situaciones límites.
¿Qué ayuda a superar estos terrores?: la contención familiar, las técnicas de relajación, el ejercicio físico y, por supuesto, el trabajo terapéutico.

Señales de abuso

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Hay niños abusados sexualmente. Sí, es una triste realidad y lamento que suceda. Lamento que existan niños con experiencias sexuales no acordes con su edad, gracias a profesor@s de gimnasia, de música o a Jorge Corsi.
Tenemos que escuchar a nuestros chicos, siempre dan señales, sólo tenemos que prestar atención y observar, si queremos podemos darnos cuenta!
Basta con mirar atentamente cómo juegan los chicos y escuchar todo lo que digan. Gracias a como juegan y a lo que dicen, estamos en condiciones de detectar posibles problemas o situaciones que estén atravesando. El juego y la palabra son sus herramientas de expresión, de comunicación y sólo debemos estar allí para entender qué les pasa, qué los pone alegres o qué los angustia.

Señales de alerta:

  • Cambios de conducta: irritación, llanto, ansiedad o problemas para dormir
  • Retroceso evolutivo: pierden control de esfínteres, vuelven a hablar como bebés o no respetan los hábitos como antes
  • Tipo de juego: qué le llama la atención, que dice mientras juega, que haga juegos sexuales repetitivos entre muñecos
  • No juegan
  • Cambios en la alimentación
  • Heridas sin explicación
  • Miedo a ir al colegio o al lugar de actividades

Como padres, es necesario que les preguntemos como les fue en el colegio, en el jardín, en el taller o en la casa de alguien que visitaron, obviamente, sin volvernos excesivamente controladores; cualquier cosa en exceso es contraproducente!
Es importante que los chicos tengan claro que pueden confiar en nosotros y recibir nuestro apoyo y, por otro lado, debemos saber que no mienten en ese tipo de cosas. Se trata de que sepan que pueden conversar libremente de todo aquello que les suceda.

Los chicos copian lo que ven

Cuando un niño vive expuesto a la violencia (simbólica, física, psicológica, la que se te ocurra), podrá imitar comportamientos agresivos replicando la polaridad víctima-victimario o será resiliente y provocará un cambio en su vida!

Me quedo con la frase de Einstein: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.