Pensando un caso de Histeria

Reflexiones sobre la Conciencia de Mismidad

Este trabajo se propone realizar reflexiones acerca de un caso de histeria y sus repercusiones sobre la conciencia de mismidad, es así que necesitamos realizar una serie de consideraciones clínicas al respecto que incluirán ambos conceptos teóricos y apreciaciones desde el Psicodiagnóstico de Rorschach.

Teniendo en cuenta la descripción que realiza Henry Ey sobre la histeria, diríamos que “es una neurosis caracterizada por la hiperexpresividad somática de las ideas, de las imágenes y de los afectos inconscientes” (H. Ey, p.418). Tomando la perspectiva psicoanalítica y dando por sentado las cuestiones edípicas, la histérica (también el histérico) habla a través del cuerpo mediante el mecanismo de la conversión, es decir, lo reprimido se expresa en forma simbólica a modo de síntomas los cuales representan conflictos inconscientes. Estos síntomas tienen como base el carácter histérico, el cual posee tres cualidades fundamentales que pueden detectarse en la práctica clínica: la sugestibilidad, la mitomanía y las alteraciones sexuales. Observamos a la primera a través de la facilidad con que se puede ejercer influencia en su personalidad, mostrándose así inconsistente. La segunda evidencia la gran comedia histérica, la teatralidad con la que vive los hechos cotidianos los cuales se convierten en escenas. En última instancia, tanto teatro lo que realmente esconde es una fuerte inhibición e insatisfacción a nivel sexual.

Este carácter histérico a medida que va experimentando diferentes situaciones de vida o pasando las etapas del ciclo vital, puede cronificarse y convertirse en toda una neurosis histérica que priva, de cierta manera, al individuo de su libertad y estabilidad psíquica.

La conciencia de mismidad es una noción construida a través de tres ejes que se encuentran en interacción dinámica, a saber: la identidad del yo corporal, la identidad del yo psíquico y la identidad del yo social.

Las primeras interacciones de nuestro cuerpo con el mundo, y especialmente con la mirada de la madre como su primer representante, se convierten en formadoras de un yo corporal. Cuerpo que funciona como conector emocional con el mundo exterior y que, al ser estimulado, desarrolla progresivamente.

De este modo el yo corporal en permanente relación con el mundo en donde se encuentra inserto, va construyendo la identidad del yo psíquico, temple emocional único y particular que es el producto de las vivencias de la persona y que, a la vez, las ordena.

No podemos dejar de observar que este mundo nos precede, el lenguaje nos recibe al nacer, por lo cual conforma la identidad del yo social.

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